Al
nosotros ser una región sin Estado, muchos
países nos han querido intervenir porque nos configuramos como un
espacio importante que permite la interacción entre Estados en diferentes
aspectos: económico y político, a través del establecimiento de relaciones
bilaterales.
Nuestro
recorrido por ser un Estado independiente y autónomo empezó en 1920, en el
tratado de Sèvres, el cual fue un tratado de paz entre Turquía y las naciones
aliadas de la Primera Guerra Mundial (a excepción de Rusia y Estados Unidos), y
se dejaba al Imperio Otomano sin la mayor parte de sus antiguas posesiones,
limitándolo a Constantinopla y parte de Asia Menor; por ende, se nos había
concedido la autonomía, pero dicho tratado nunca fue ratificado por Turquía.
Luego,
con el tratado de Lausana en 1923 se invalidó el Tratado de Sèvres, debido a
que este último no fue aceptado por el nuevo estado turco fundado por Kemal
Ataturk tras la Guerra de Independencia Turca. Fue allí donde nos dimos cuenta
que ni nuestro territorio ni nuestra problación era mencionada, es decir, no
teníamos autonomía. Como consecuencia de ello, nos sumergimos en un proceso de
fragmentación y violencia que generó la aparición de tendencias separatistas,
reforzadas con armas.
En
1958 cuando la monarquía del rey Faysal II en Irak fue derrocada, esperábamos
que nos reconocieran nuestra lengua, y
que se nos otorgaran mayores beneficios, como participación en proyectos de
desarrollo, pero no fuimos tenidos en cuenta. Nos volvieron a negar el
principio de autodeterminación, lo que llevó a que el nuevo gobierno iraquí
quisiera imponernos e implementar una política de desplazamiento de nuestras
poblaciones, promoviendo enfrentamientos y muertes
Tras
los diversos acontecimientos en Irak, empezamos a tener rivalidades en el norte
y el sur, lo que generó el surgimiento de líderes kurdos con diversos lineamientos
políticos e intereses: Mustafa Barzani, Jalal Talabani y Abdullah Ocalan,
quienes se enfrentaron entre sí durante el último cuarto de siglo y se
encargaron de mantener una lucha constante contra los estados que nos negaban
nuestra autodeterminación Kurda.
Con
el fin de obtener igualdad en el Estado, nuestros líderes Talabani y Barazani
ofrecían propagar la autonomía dentro de una estructura federada en Irak, en la
cual estuvieran incluidos aspectos como
la democracia, el pluralismo y las reglas constitucionales; pero, debido a la
opresión ejercida por los cuatro estados con presencia kurda (Siria, Irán, Irak
y Turquía) hacia nosotros, nos disponemos a crear partidos políticos (Partido
Democrático de Kurdistán y Unión Patriótica de Kurdistán), para así poder
lograr autonomía en nuestros territorios y obtener respeto por nuestros derechos y libertades.
El
Partido Democrático de Kurdistán (PDK) surge con nuestro líder Mustafa Barzani,
quien se destacó por mantener el control de nuestras áreas y quien fomentó rebeliones contra el gobierno
iraquí durante los años treinta. Se creó en la región de Suleimanía (la cual
limita al este y noreste con Irán con las
provincias de Azerbaiyán Occidental, Kurdistán y Kermanshah)
Los
objetivos que teníamos en este partido estaban enfocados en buscar y lograr
nuestros derechos humanos y derechos
nacionales, incluida la libertad de expresión y de libre asociación, así como los principios
democráticos para todos nosotros.
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16:00
Andrea Gil

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