martes, 16 de septiembre de 2014

Quizá podamos entender que los turcos son una cultura muy cerrada y que su estructura es demasiado fuerte, si a nuestros niños en la escuela les exigen que se aprendan todo sobre Turquía y sus líderes, a los niños turcos les inyectan el amor patriótico por los odios y al extremo, empezando por esa frase que yace en una de nuestras montañas: es “feliz el que puede decir: soy turco”. 
No sería raro encontrar en las casas de los turcos imágenes de sus líderes y la bandera de Turquía. Nosotros hacemos prevalecer nuestra historia a través de los ritos y la transmisión de la lengua de forma oral de generación en generación, enseñando a nuestros niños nuestra lucha e inculcándoles el sueño de un Kurdistán.
Por otra parte, entre nosotros surgió un grupo “guerrillero” conocidos como el PKK (Partido de Trabajadores Kurdos), que es apoyado por la mayoría de los kurdos, porque surgieron como un grupo que deseaba defender sus derechos a toda costa, su lucha es la de hacer respetar nuestros derechos culturales y territoriales. Ellos se manifiestan en contra de las leyes turcas, luchando por afirmar nuestra identidad y la reivindicación de los derechos culturales. Así, a pesar de todos los desmanes cometidos por los turcos, la identidad kurda sigue sobreviviendo. Turquía nos ha dejado en gran parte de esta población en el analfabetismo y la ignorancia, como medida para eliminar la cultura.
El exilio que hemos sufrido por parte de Turquía, trajo consigo consecuencias positivas, al permitir que muchos nosotros descubriéramos nuestra verdadera historia y viéramos palabras escritas en nuestra lengua, porque muchos de nosotros empezamos a compartir legados y narraciones que nos une como una sola fuerza.  Además, por su parte el PKK ha ayudado para que los kurdos salgan del oscurantismo. 

Sin importar lo que un globo terráqueo diga, o si los países no quieren ceder territorio, los kurdos seguimos aquí, soñando y enseñando al mundo que somos fuertes y que a pesar de todo el sufrimiento y los obstáculos por los que hemos pasado, nuestra lengua sigue vive, y nuestra lucha persiste.

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