viernes, 10 de octubre de 2014

La primacía norteamericana, concentrada en grandes capacidades de poder duro y blanco, puede canalizarse para atraer las mentes y corazones de las personas para luchar contra el terrorismo y promover regímenes democráticos que haga más seguro a su país y al mundo, ya sea frente a los terroristas, los estados canallas o los poderes en ascenso. La hegemonía norteamericana es benevolente simplemente porque es una hegemonía liberal.

Es cierto que Estados Unidos sigue siendo una potencia hegemónica y, desde la década del 90, ha contado con grandes capacidades de poder para actuar en el mundo de acuerdo a sus intereses estratégicos, ampliando su alcance geográfico –en la OTAN, por ejemplo– y en la implantación de una ideología liberal y globalizada que beneficiaría a sus aliados, pero que también situaría más Estados en su órbita.

Quizás un resultado favorable de la guerra global contra el terrorismo haya sido que Al-Qaeda no represente una amenaza real a la seguridad internacional; pero esta “guerra”, al mismo tiempo ha conllevado otro efecto inesperado para la elite de la política exterior norteamericana: el uso de respuestas asimétricas por parte de las grandes potencias emergentes.

Una respuesta asimétrica consiste sencillamente en una confrontación indirecta de los menos poderosos frente a los más poderosos. Algunos estados, como Irán y Siria, promueven a los grupos radicales para desafiar la dominación israelí y norteamericana en el Medio Oriente. La creciente intervención de Estados Unidos en Asia Central, junto con el abatimiento de Bin Laden, ha llevado a deteriorar las relaciones con Pakistán y a provocar un profundo anti-americanismo en ese país.


Todo lo que acarrea el ámbito político frente a Al Qaeda es esencial estudiarlo porque de este grupo se han disociado muchas corrientes políticas, o más bien, se han dividido, además que ellos han puesto a la misma sociedad contra lo que antes ellos seguían. Ahora países que tiene poder nuclear y poder político con las masas, están siendo el nuevo poder y Al Qaeda les está “ayudando” para que entre ellos unan sus fuerzas y estén en contra de un país tan poderoso como es EE.UU., que probablemente en unos años estará en gran ventaja en Asía central. De ahí, esos mismos países luego estarán en contra entre ellos mismos.

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